- Deficientes habilidades en la relación con otras personas; tanto en las habilidades de comunicación como a la hora de mantener relaciones sanas con los demás. La intervención en la modificación de estas conductas, se basaría en un entrenamiento exhaustivo y prolongado en el tiempo de habilidades sociales, haciendo hincapié en la necesidad de mantener una comunicación eficaz con otras personas, así como adquirir la capacidad de expresarse de forma asertiva, evitando de este modo, futuros conflictos y malos entendidos expresando en todo momento sus opiniones, sentimientos y emociones sin vulnerar los derechos humanos básicos de los demás y sintiéndose así capaces hasta cierto punto de controlar sus impulsos agresivos.
- No asumen las responsabilidad de sus actos ( no identificando las situaciones peligrosas, no asumen el impacto recibido por parte de sus víctimas, no desarrollan estrategias para la prevención de reincidencia). Para paliar esto, se deben llevar a cabo campañas de información sobre los impactos psicológicos recibidos por las víctimas y de sensibilización hacia estas mujeres, mostrando casos reales y las consecuencias fatales producidas por estos.
- Pobre control emocional, lo que conlleva a una incapacidad para controlar sus impulsos violentos. Se trataría de eliminar la ejecución de la conducta impulsiva de agredir, y una posible técnica, junto con las intervenciones antes expuestas, sería la prevención de la respuesta ( del acto violento), con el fin de que el malestar y la ansiedad producidos por su ira y sus distorsiones cognitivas fueran disminuyendo de forma progresiva hasta su desaparición. La prevención de respuesta se llevaría a cabo mediante la ejecución de respuestas incompatibles con la agresión. Esta técnica se utilizaría combinada con las técnicas del control de activación (Labrador, Cruzado y Muñoz, 1997): la relajación y la respiración.
- Bajo nivel de autoestima. Reestructuración cognitiva de sus distorsiones a cerca de las capacidades, derechos básicos y valores que tiene tanto la mujer como el resto de las personas; causas de las ideas irracionales, parada de pensamiento (ayudada con las técnicas del control de activación antes mencionadas); y autorregistros donde anotan sentimientos, conductas y consecuencias de las mismas, analizándolo todo en las sesiones, conjuntamente con el terapeuta.
Gómez Hermoso, M. R. (1999).La libertad condicional: Peritación psicológica de los agresores sexuales. Papeles del Psicólogo, 73, pp. 41-50.
INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA CON EL AGRESOR
La rehabilitación del agresor no sólo es posible en muchos casos, sino necesaria para poder romper el ciclo de la violencia -ya sea física o psicológica- y evitar su reincidencia. Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, asegura que el éxito de la rehabilitación se basa en dos puntos: que el maltratador tenga conciencia de serlo y que tenga una motivación para cambiar.
¿POR QUÉ AGREDEN? Factores socio – culturales, Factores biológicos, Factores psicosociales, Factores psicopatológicos
No existe causa única que provoque los malos tratos, aunque por lo general sí hay una serie de factores de riesgo que pueden hacer surgir la aparición y posterior mantenimiento de la violencia de género. Aunque existen otras variables que se analizan posteriormente, una de las causas principales es la situación de desigualdad real en la que puede encontrarse la mujer (menor fuerza física, dependencia económica, menos relaciones sociales debido al aislamiento por estar en casa…). La mujer que depende económicamente de su pareja, tiene más probabilidades de mantener la relación violenta a lo largo del tiempo. Así mismo, en las situaciones en las que la mujer tiene un rol de subordinada dentro de la familia, hará que se mantengan a largo plazo los malos tratos; Son aquellos casos en los que es una mujer desvalorizada y no apoyada socialmente – adoptando papeles de tolerancia, subordinación, sentimientos de sacrificio, no reconocimiento de derechos humanos básicos, … – todo esto hará acrecentar sus necesidades y dependencia hacia el hombre que esté con ella reforzando esto su necesidad de adaptación hacia el maltrato.
Factores psicosociales
Teniendo en cuenta las explicaciones dadas hasta ahora sobre el comportamiento agresivo de los hombres en la violencia de género, está claro que no son defendibles las posturas extremas que hablan de este comportamiento perturbado como determinado exclusivamente por mecanismos genéticos o ambientales. Se considera necesario reflexionar de manera personal acerca de las creencias y principios que existen y mantienen la clase de relación en la que se sustenta la pareja. Solo así, se puede llegar a comprender las ideas erróneas que los agresores tienen al basarse exclusivamente en el principio de desigualdad que se les ha sido transmitido a través de la cultura, de que el hombre es quien manda y el que decide usando la violencia física, psicológica y/o sexual para reforzarse en este tipo de creencias; siendo así hombres tradicionalistas y que creen en roles sexuales estereotipados. De esta forma, mantienen una actitud totalmente negativa y discriminatoria que se basa en su creencia de desigualdad de las mujeres, que para Glick y Fiske (1996) gira en torno a: a) Paternalismo dominador, suponiendo que la mujer es inferior y más débil que el hombre y por tanto realza la figura dominante masculina; b) Competitividad en la diferenciación de género, considerando que las mujeres no tienen las características ni habilidades imprescindibles como para desenvolverse en el medio público; y c) Hostilidad heterosexual, atribuyendo a las mujeres un poder sexual que les hace manipuladoras para con los hombres. Desde este enfoque psicosocial, existen distintos estudios (Coleman, 1980; Fernández – Montalvo y Echeburúa, 1997; Defensor del Pueblo, 1998) que sugieren que las actitudes y creencias misóginas podrían ser un elemento común y diferenciador de los maltratadores (Ferrer y Bosch, 2000). Según Eriksson (1997) la violencia doméstica refleja las desigualdades relacionales de poder entre los distintos sexos; la mujer es víctima de la violencia debido a su sexo, y el hombre la utiliza para ejercer su poder.
TIPOS DE MALOS TRATOS EN LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Un acto de maltrato tiene siempre como consecuencia secuelas físicas y psicológicas. Sin embargo, dependiendo de la naturaleza del maltrato, las consecuencias psicológicas pueden ser distintas. Las diferentes formas de malos tratos, dependen tanto de la actuación del agresor como de las consecuencias para la víctima:
- Psíquicos. Actos o conductas que producen desvalorización o sufrimiento en las mujeres: amenazas, humillaciones, exigencia de obediencia, convencimiento de culpabilidad ante cualquier problema, insultos, aislamiento, descalificación o ridiculización de sus opiniones, humillación en público, …
- Físicos. Actos no accidentales que provoquen o puedan producir daño físico o enfermedad en la mujer: golpes, heridas, fracturas, quemaduras, … Pueden aparecer bien de forma cotidiana o cíclica.
- Sexuales. Imposición a la mujer de una relación sexual en contra de su voluntad y donde se utiliza la fuerza o la intimidación. Cuando se produce penetración forzada, es considerado violación.
EL AGRESOR: CARACTERÍSTICAS PERSONALES
La agresividad ha sido muchas veces plasmada en sujetos con características más bien deformes, desagradables o anormales, como si con esto asintiesen la fantasía generalizada de que los violentos, los hombres dañinos o peligrosos, son personas mentalmente desequilibradas y físicamente reconocibles por sus siniestras facciones (Pastor, 1994a). Por supuesto que la correlación entre aspecto físico y temperamento hoy ya no es un tema creíble como lo fue en las épocas en que estuvieron de moda las tipologías. Sin embargo, no hay que olvidar que todo observador tiende, según la teoría perceptiva de atribución, a figurarse o formarse una idea del temperamento y personalidad de los demás basándose en su aspecto físico, de modo que una persona que no resulte ” agradable a la vista” tiene más probabilidad de que le acusen de un crimen violento, que otra con facciones normales o agradables (Dion, K. K., 1972).
Más creíble es, aunque tampoco demostrada del todo, la creencia de atribuir agresividad extrema a desequilibrados psíquicos, a enfermos mentales o con desajustes emotivos. Cierto es que la agitación y la psicomotricidad exaltada que manifiesta un enfermo dominado por tensiones afectivas, impulsan muchas veces a cometer actos violentos de agresión. Más en concreto, las personalidades psicopáticas se caracterizan por una enorme desproporción entre sus reacciones agresivas y los estímulos que las provocan; ya que estas son inadaptadas y de conducta antisocial (Pastor, 1994b). No obstante, aunque entre los hombres violentos se encuentre un porcentaje más elevado de psicópatas y neuróticos que entre la población normal (Conger y Miller, 1966), la agresividad no es causa solo de este perfil de personas. Esto, se demuestra cuando el hombre ” normal” que arremete sabe que hace un daño a su víctima y por esto, trata de disculparse mediante el remordimiento o la autocrítica. De echo, la estrategia del arrepentimiento, la utilizan para captarse de benevolencia ante el juicio social que esto conlleva y así reducir los posibles riesgos de ser castigado. Otras veces, emplean la autojustificación a través de la racionalización, criticando así la ” maldad” de su víctima haciendo de esta manera comprensible su actitud agresiva contra ella.
El hombre violento no es exclusivo de una determinada clase social, puede existir en cualquier ciudad y lugar. Aunque no es posible generalizar sobre las características personales de aquellos que provocan este tipo de actuaciones, distintos estudios sobre los agresores en la violencia de género demuestran que existen ciertas peculiaridades, vivencias y situaciones específicas comunes a la mayoría de ellos. Un gran porcentaje de maltratadores han sido víctimas o testigos de malos tratos, adoptando este comportamiento como una forma normal de relacionarse. Lo han experimentado como sistema de poder, aprendiendo que ejerciéndolo en el hogar, obtienen la máxima autoridad y consiguen lo que quieren. El hombre violento es el resultado de un sistema social que ofrece los ingredientes para alimentar esta forma de actuar. Aspira a ejercer un poder y control absolutos sobre su pareja en lo que hace y en sus pensamientos y sentimientos más íntimos. Consideran a su pareja como una posesión que tienen derecho a controlar en todos los aspectos de su vida (Espada y Torres, 1996c).
Los hombres maltratadores suelen tener una imagen muy negativa de sí mismos, provocando esto una baja autoestima, sintiéndose por esto fracasados como persona, y consecuentemente actuando de forma amenazante y omnipotente y reforzándose así con cada acto de violencia.
Suelen ser patológicamente celosos, queriendo ser los primeros y últimos, y por tanto los únicos, en la atención de su mujer. Así, una parte muy importante en la iniciación de los actos de violencia suele ser la percepción errónea que tienen de que su pareja les puede abandonar, sin tener en cuenta la posibilidad de que ellas puedan tener distintos tipos de relaciones con otras personas (de amistad, de familia, …). Desconfía así de todo lo que hace, sintiendo celos de cualquiera que le hace sentir que le quita el afecto de su esposa y él lo quiere todo de ella, deseando tenerla en casa siempre.
También en sus espacios de desarrollo personal y social, los hombres presentan una serie de características:
En el espacio intelectual (que media entre el físico y el cultural); se les enseña a no poner atención a sus procesos emocionales debido a que se cree que estos obstaculizan su forma de pensar. Es el espacio más importante para la masculinidad del hombre violento, tiene la percepción distorsionada de que su pensamiento nunca es erróneo, y así aparece la violencia emocional con otras personas y consigo mismo. En su espacio físico se prueba a sí mismo que es superior a través de la fuerza física, de su forma de caminar, en la práctica de determinados deportes, … En cuanto al espacio emocional, la forma que tiene de procesar internamente su relación con el mundo externo e interno, está menos desarrollado porque mantiene la creencia de que las emociones le hacen sentirse más vulnerable de cara a los demás, y por ello, reprime este espacio. Espacio social es el que permite desarrollar los contactos, interacciones e intercambios con el resto de las personas que nos rodean. El hombre violento, crea relaciones de competencia, controlando los intercambios sociales de su pareja. La forma de procesar la información mediante el aprendizaje que recibimos del grupo social más inmediato, es la que conforma el espacio cultural; todas las creencias que definen y refuerzan la supuesta superioridad de los hombres sobre las mujeres – ya sean mitos o tradiciones – son las que apoya el hombre violento, ya que de esta forma es como obtiene beneficios.
Fuente: Elena López García
Papeles del Psicólogo. Septiembre , nº 88 , 2004
Comentario de Ana (Psicóloga):
Por favor, quiero hacer incapié a todo lector en una cosa. Los estudios revelan que el agresor tiene estas características que se describen arriba, pero no por ello hay que considerar que todo lector que se identifique con “alguna” de esas características un psicólogo lo consideraría de AGRESOR y potencialmente un MALTRATADOR de mujeres. Obviamente, la conducta de maltratrador se ciñe a la definición que más arriba hace en los tipos de maltrato, psíquico, físico o sexual. Tienen que darse estas conductas para considerarse un maltratador, y por tanto, buscar ayuda.
Además animo a toda persona que se identifique con algún comportamiento de los 4 indicados al principio, sin haber cometido maltrato, a que busque también ayuda para mejorar consigo mismo y ser más felíz.
Septiembre 21, 2008 at 7:17 pm
Mi novio tiene la mayoría de esos síntomas, es muy posesivo, celoso, y ejerce violencia verbal y fisica contra mí, ha minado mi caracter y mi autoestima,y estoy en proceso de terminar, pero me cuesta. tiene como una doble personalidad que lo hace actuar muy bien en el trabajo y en la casa, conmigo y su familia muy mal, aunque ellos solo reciben su mala forma de hablar, la gante de afuera lo considera un encanto pero no saben lo malo que puede llegar a ser, nadie sabe de esto, y no sé por que me animé a escribir, pero si alguien lo sufre, que lo denuncie ante su familia. Aclaro que en su familia no hubieron hechos de violencia, pero sufrio algun tipo de trauma infantil que lo hace inseguro. Ahora estoy mas despierta y se que tengo que alejarme. Gracias
Septiembre 25, 2008 at 2:21 pm
tengo un caracter muy fuerte me despero por una cosa chica y termina siendo bastante grande y cuando tengo mucha colera empiezo a tirar cualquier cosa que encuentro y digo cosas orribles no malas palabras pero me acuerdo cualquier cosa guardada y hago sentirse mal a mi esposo el llora y yo sigo con la colera. luego me pasa la colera me arrepiento de lo que hago y no se como mejorar .gracias.
Septiembre 25, 2008 at 11:06 pm
Ante todo darte las gracias por expresar aquí tan bien tu situación personal, que aunque breve, me deja ver que tu experiencia social es débil, necesitas más interacción social, que es la que en la práctica nos enseña a escuchar y a ser oídos cada vez de una forma más respetuosa. Toda oportunidad que tengas de escuchar los sentimientos y pensamientos de otras personas son un tesoro para tí, pues las experiencias de otras personas nos enseñan puntos de vista distintos de un mismo tema y válidos como el tuyo.
Además, la interacción social (familiares, amigos, compañeros de trabajo, hijos, padres, …) te brinda la oportunidad de expresar tus sentimientos y pensamientos de una forma más adecuada y respetuosa, con cada nuevo intento. Pues sin querer, queriendo, podemos aprender las habilidades que otros tienen en exresarse para así hacerlo nosotros. Es un ejercicio diario que podemos hacer sin darnos cuenta, el trabajo empieza cuando tienes que dejar de decir lo que piensas para escuchar lo que tiene que decir otra persona, y esperar la mejor oportunidad de nuevo para ser escuchado. Así mostramos los humanos el respeto por el OTRO. Así pues disciplina con uno mismo primero antes que con el otro, respeto al otro primero y después con uno mismo.
Mucho ánimo y no desesperes, la paciencia en esto también dá sus frutos…
Octubre 10, 2008 at 3:36 pm
Opino que el agresor y maltratador tanto fisico como piscológico, aunque experimente culpa en forma transitoria ( es decir despúes del hecho violento) esta culpa es pasajera, y la olvida con mucha facilidad, volviendo a reincidir, no tiene clara consciencia de su actuación lo que lo predispone a un camino seguro hacia la psicopatía con mal pronóstico ( dependiendo de la edad) para su rehabilitación.
Noviembre 7, 2008 at 11:46 am
Me gustaría que te planteases un poco cómo defines el problema, cuando hablas de las razones por las cuales un agresor de mujeres maltrata las que das son razones que culpan a la mujer, esto es una forma de justificar la violencia, quizá deberías replantearte tu posición ante el problema. No se puede hablar tan a la ligera de esto, el poso del artículo vuelve a culpar a las mujeres y justifica las acciones violentas del agresor por problemas en el control de la ira. En la comunidad científica sobre la violencia de género hace años que estas hipótesis están descartadas, hay que salirse del ámbito académico de Pastor (que no tiene ningún estudio publicado sobre violencia machista) y dirigirse a estudios de género y violencia validados. Actualiza los conocimientos que aprendiste en la facultad, porque ya veo que puedes publicar tus ideas en varios lugares y esto puede confundir a las mujeres haciéndoles pensar que pueden resolver el problema no siendo dependientes económicamente. Estudia por favor, las estadísticas del Instituto de la Mujer, el 75% de las víctimas trabajan y el 55% tienen estudios superiores. Un saludo
Noviembre 7, 2008 at 11:10 pm
Para el Dr.Luis Arroyave:
Entiendo que su comentario es fruto de su experiencia dentro del ámbito clínico, y como tal, usted está tratando con mayor frecuencia con usuarios del sistema de salud que hacen uso de él porque notan que sus vidas y, sobretodo, su mente no van bien. Por tanto, existe para usted, una alta probabilidad de tratar en su trabajo con personas con un trastorno de la personalidad u otros y que ADEMÁS, manifiestan comportamientos de violencia o de maltrato en el seno familiar. Por favor, corríjame si me equivoco…
Noviembre 7, 2008 at 11:20 pm
Para Ana:
Le agradecería que me ilustrara, con alguna referencia de autores que estudien el tema hoy. No me siento con toda la verdad en la mano sobre el maltrato, me gusta mucho actualizar mis conocimientos, pero debe usted saber que la intención de mi artículo más que confundir, aclara ciertas cuestiones que a una mujer o a un hombre se le pueden plantear entorno a la ontología del ser humano en cuanto a violencia y agresión se refiere. En cuanto, a Pastor, cláramente, mi artículo dice que sus estudios ya no son creíbles en la comunidad científica, las teorías que surgieron en torno al aspecto físico y la criminalidad en los años 70 y 80, fueron fuertemente discutidos por numerosos estudios posteriormente. Sobretodo, de cara a los procedimientos judiciales, en los que se podía condenar antiguamente más fácilmente a un FEO antes que a un GUAPO. Merecía la pena mentar estos estudios, porque aunque desechados en la actualidad, ponen en evidencia la facilidad con la que nos dejamos llevar por el aspecto físico a la hora de hacer juicios sobre las personas. Esto nos llevaría a todo el bagaje científico desarrollado hasta hoy en lo que se refiere a LOS PREJUICIOS y su uso diario, sus consecuencias, sus “beneficios” y cómo el aprender a detectarlos nos ayudaría a comunicarnos, a trabajar, a pensar, a relacionarnos con más calidad y excelencia, y sobretodo, con menor probabilidad a equivocarnos en nuestras decisiones, pensamientos, conversaciones, etc…
Octubre 8, 2009 at 2:09 pm
Hola muchas gracias por este espacio realmente necesito ayuda, la he buscado pero la verdad aca en donde yo vivo es muy dificil de encontrarla, soy una persona muy agresiva me enojo con facilidad y siento que las victimas de eso son mis hijos tengo un hijo de 8 años y otro de 2 años, al mayor casi todos los dias lo golpeo cuando hace mal sus tareas y cuando trae malas notas me siento impotente y lo que mas facil me resulta es golpearlo y despues me siento culpable y me da ganas hasta de castigarme de la misma manera, a mi hijo el pequeño igual lo golpeo constantemente, mi mayor miedo es que mi hijo no llegue a ser lo que yo quiero un profesional, me aterra cualquier cosa mala que el hace es mas siento que mis palabras lo yeren mas que mis golpes a veces salgo de mi casa con el fin de calmarme y si resulta pero a diario es una batalla y siento que no la puedo controlar todo el dia en mi trabajo me paso pensando en lo que paso y me siento culpable y trato de buscar cosas materiales para compensar mis malos tratos y mi falta de comprension incluso creo que soy la peor madre del mundo me considero que Dios me dio la oportunidad mas grande de mi vida y no me la merezco mis hijos no se merecen una mala madre como yo..Gracias nuevamente y ojala alguien pueda ayudarme.
Octubre 8, 2009 at 10:15 pm
Hola Johanna, es bueno que busques ayuda. Necesitas una atención especial para concretar una ayuda más eficaz. Te dejo mi correo electrónico para que me escribas directamente todo lo que quieras.
psicoanagr@yahoo.es
En principio, me surgen muchas cuestiones antes de poder ofrecerte un consejo que te sirva. Por ejemplo, la edad que tienes, si trabajas, si pasas tiempo en casa. Cómo premias a tus hijos cuando hacen algo bien. Cómo va tu relación de pareja. Y sobretodo, el apoyo que puedas tener de familiares para el cuidado de tus hijos o de otro tipo.
Un cordial saludo,
Ana.